De tesla a las gildas

La apuesta por la innovación disruptiva cambiará la economía mundial en cinco años por efecto de la Covid-19

EL COMERCIO

En cinco años se va a definir la nueva economía del mundo y aspectos claves como el de la atracción y retención de talento. Así lo estiman los observadores más avanzados, que coinciden en señalar que, cuando dentro de veinticinco años se estudie la pandemia sanitaria originada por la Covid-19, se contará el número de infectados y fallecidos, pero a la vez se definirá esta etapa del virus como la que impulsó los cambios en la economía y en la sociedad en general a una velocidad nunca vista. Países tan destacados como Canadá no solo lo han entendido así, sino que han puesto en marcha ya políticas en esa dirección. En Ontario, el corazón industrial del país, se habló con las empresas que cuentan con centros tecnológicos y se les propuso que el propio Estado se haría cargo del coste de los ERTE que habían planteado las compañías para salvar los efectos de la paralización originada por el virus. Con la única condición de que no despidieran a nadie. El objetivo: no perder ni un solo técnico, ni un solo investigador, al entender que la marcha de una persona cualificada significaría perderla y lo que se necesita ahora precisamente es retener el talento para seguir aspirando a todo en esos cinco años que se prevén para alumbrar la nueva economía, los nuevos negocios.

Catherine 'Cathie' Wood (Los Ángeles, 1956) es en este momento la mujer de moda en el mundo como fundadora y directora de ARK Invest, un fondo de inversión con sede en Nueva York enfocado a las tecnologías disruptivas, y la mujer que hizo en 2014 una apuesta extraordinaria por Tesla –empresa que diseña, fabrica y vende automóviles eléctricos y sus componentes– en contra de la opinión de todos los gestores de fondos. ARK es hoy, entre 548 fondos, el de mejor rendimiento, con retornos (ingresos más apreciación) del 165% en los tres últimos años.

La innovación disruptiva es un término acuñado por Clayton Chistensen, profesor en Harvard en los noventa, que se refiere a aquellas tecnologías o modelos que traen consigo cambios rotundos y nuevas prácticas de manera rápida, sencilla, asequible, eficaz y accesible. Cualquiera puede hacer un rápido análisis de lo que supuso, a modo de ejemplo, internet, el teléfono móvil, la televisión inteligente, servicios como Netflix o Spotify, o lo que hay detrás de empresas como Airbnb, Amazon, WatsApp o Uber. Resumen rápido: renovarse o morir. Creatividad, observación y análisis. Y no solo en el mundo tecnológico, puesto que la disrupción puede darse en el cambio de un producto o en un modelo de negocio.

¿Dónde radica el éxito de Cathie Wood y ARK Invest? Parece bastante sencillo: apostar por compañías llamadas a cambiar el mundo. Y su apuesta, por sectores, no difiere mucho de lo que plantea Canadá, la ONU o lo que se baraja en Silicon Valley de aquí a 2025. El listado le sonará a todo el mundo, aunque el orden sea lo de menos : internet móvil, automatización del conocimiento, internet de las cosas, tecnología de la nube, robótica, autoconducción, genoma humano, almacenamiento de energía, impresión 3D, materiales avanzados y energía renovable.

Silicon Valley concreta un poco más y dice que en diez años la economía global será liderada por la inteligencia artificial, las ciencias de la vida y los transportes autónomos. En este momento, la cartera de ARK Invest obtiene su mayor rentabilidad en los sectores de atención médica (36,8%) y tecnología (31,7%). Solo hace falta fijarse en sus tres primeras empresas por rendimiento. Primera, Tesla, compañía tecnológica; segunda, Invitae Corporation, de información genética; tercera, Square, desarrolladora de hardware y software para realizar pagos y otras operaciones.

El ejemplo de Tesla
Cuando Wood apostó en 2014 por Tesla, llegó a escribir que mientras las compañías de automóviles perderán dinero con sus coches eléctricos (por la alta inversión y por su fuerte dependencia todavía de los motores de combustible), Tesla será cada vez más rentable al llevar años de ventaja sobre sus competidores en tecnología de baterías y chips. No se equivocó: la empresa fundada por Elon Musk (Sudáfrica, 1971, nacionalizado canadiense y estadounidense) es ya el fabricante de automóviles más valioso del mundo, con una acción en torno a los 450 dólares. Y será un ganador a largo plazo por su dedicación al coche eléctrico, a las baterías y a la conducción autónoma. Sirva un dato: Tesla tiene recogidos ya 22.530 millones de kilómetros de datos de conducción del mundo real, que le sirven para seguir mejorando el sistema. Su competidor más cercano, Waymo, en la órbita de Alphabet, la matriz de Google, tiene 32 millones de datos recogidos.

Elon Musk es la disrupción en versión humana, por decirlo de una forma gráfica. Toda su vida se ha dedicado a conseguir objetivos revolucionarios desde que con diez años aprendió a programar y a los doce vendió su primer programa, un juego del espacio llamado 'Blastar', por algo más de 400 euros.

Esta misma semana anunció su objetivo de ofrecer su vehículo eléctrico a un precio de 25.000 dólares (21.492 euros) de aquí a tres años, a base de mejorar la batería eléctrica, que pasará a formar parte de la estructura del propio coche. No parece que estemos ante un discurso vacío de cara a la galería, puesto que Musk consiguió, por ejemplo, reducir en un 70% el número de robots utilizados en su planta Modelo 3 de Shangai respecto a la sede central de Fremont (California), gracias a la simplificación y un mejor diseño de la planta.

Conviene recordar también que este 'cerebro' es el fundador y propietario de empresas como PayPal (pagos en línea), SpaceX (fabricación aeroespacial y servicios de transporte espacial), SolarCity e Hyperloop. Esta última conviene no perderla de vista porque es posible que la Manzana del Acero de Avilés (ArcelorMittal e Idonial) tengan algo que decir en los aceros especiales que se necesitarán. Musk plantea transportar personas por este sistema (un tren circulando por tubos al vacío) entre San Francisco y Los Ángeles, 563 kilómetros en 35 minutos. Hoy, en coche, se tardan cinco horas y media.

Estas son las pistas de por dónde va el mundo de la innovación disruptiva, el de la nueva economía del planeta, un tipo de innovación que hoy se está investigando y aplicando en centros tecnológicos de Asturias y que van a ser claves para el futuro.

Mientras eso se consolida, tampoco estaría mal aplicar la disrupción en algunos modelos de negocio. 'Romper' con lo habitual, con lo fácil. Ya nos hablan de la posibilidad de conseguir un solomillo de vaca con fabricación aditiva (3D) a base de elementos vegetales. Y lo que nos queda.

Aunque para cambio disruptivo de modelo podemos viajar a Bilbao y en pleno centro entrar en uno de los tres GildaToki en donde poder degustar el clásico pincho vasco, la gilda, el de la guindilla con una aceituna y una anchoa. Javier Gutiérrez y su hija Bárbara descubrieron que las cosas podrían hacerse de otra forma en hostelería y decidieron 'romper' con la monotonía: encargarse de toda la cadena de valor a partir de la famosa guindilla.

Dicho y hecho: producción propia en un moderno invernadero en Lezama, de donde salen todos los días las piparras; venta en tres 'GildaTokis', que ofrecen dieciocho especialidades; asistencia a ferias, organización de talleres, venta a domicilio con flota propia y ya, para llegar a cualquier rincón del mundo, la posibilidad de Amazon. En los tres bares luce un espléndido retrato de Rita Hayworth, la inolvidable Gilda de los años 40, como imagen de un cambio de modelo de negocio absolutamente inspirador.

Por ahí va el mundo de la innovación disruptiva. Nadie se puede quedar atrás.

Mientras eso se consolida, tampoco estaría mal aplicar la disrupción en algunos modelos de negocio. 'Romper' con lo habitual, con lo fácil. Ya nos hablan de la posibilidad de conseguir un solomillo de vaca con fabricación aditiva (3D) a base de elementos vegetales. Y lo que nos queda.

Aunque para cambio disruptivo de modelo podemos viajar a Bilbao y en pleno centro entrar en uno de los tres GildaToki en donde poder degustar el clásico pincho vasco, la gilda, el de la guindilla con una aceituna y una anchoa. Javier Gutiérrez y su hija Bárbara descubrieron que las cosas podrían hacerse de otra forma en hostelería y decidieron 'romper' con la monotonía: encargarse de toda la cadena de valor a partir de la famosa guindilla.

Dicho y hecho: producción propia en un moderno invernadero en Lezama, de donde salen todos los días las piparras; venta en tres 'GildaTokis', que ofrecen dieciocho especialidades; asistencia a ferias, organización de talleres, venta a domicilio con flota propia y ya, para llegar a cualquier rincón del mundo, la posibilidad de Amazon. En los tres bares luce un espléndido retrato de Rita Hayworth, la inolvidable Gilda de los años 40, como imagen de un cambio de modelo de negocio absolutamente inspirador.

Por ahí va el mundo de la innovación disruptiva. Nadie se puede quedar atrás.